El régimen matrimonial más adecuado para un autónomo

Uno de los temas más frecuentes que suelen plantear los empresarios cuando van a casarse o incluso cuando ya están casados, es el que tiene ver con la cuestión acerca de cuál es el régimen económico del matrimonio más adecuado para proteger el patrimonial personal.

El desarrollo de una actividad empresarial siempre implicará asumir riesgos económicos. Dichos riesgos pueden tener mayores o menores consecuencias patrimoniales sobre el matrimonio de la persona que desarrolla una actividad empresarial, en función del régimen económico en el que esté casado.

Además, en el caso de los empresarios individuales o trabajadores autónomos, deberá tenerse en cuenta lo dispuesto en el Código civil en su artículo 1911, el cual establece que, “del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros”.

En este artículo, vamos a explicar las características generales de los regímenes económicos del matrimonio más habituales, y las consecuencias jurídicas que se podrán derivar sobre los bienes del matrimonio por deudas provenientes de la actividad empresarial que desarrolle uno de los cónyuges.

Los regímenes económicos matrimoniales más habituales

Los dos regímenes más habituales son el de la sociedad de gananciales y el régimen de separación de bienes.

Ambos regímenes tienen sus propias normas jurídicas, que regulan las relaciones patrimoniales de los cónyuges entre sí y respecto de terceros.

La sociedad de gananciales:

Por medio de este régimen se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos durante el matrimonio, considerándose bienes privativos aquellos bienes que los cónyuges tuvieran antes del matrimonio, que seguirán perteneciendo a su titular. Por ejemplo, el vehículo o el piso que uno de los cónyuges tuviese antes de contraer matrimonio.

En este sentido, el artículo 1346 del Código civil recoge la enumeración de los bienes privativos de cada cónyuge:

  • Los bienes y derechos que le pertenecieran a cada cónyuge antes de comenzar la sociedad.
  • Los que adquiera después por título gratuito (por ejemplo, si se recibe una herencia o una donación).
  • Los adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos (por ejemplo, la compra de una vivienda con el dinero proveniente de la venta de una finca propiedad de uno de los cónyuges).
  • Los adquiridos por derecho de retracto perteneciente a uno solo de los cónyuges.
  • Los bienes y derechos patrimoniales inherentes a la persona y los no transmisibles inter vivos.
  • El resarcimiento por daños inferidos a la persona de uno de los cónyuges o a sus bienes privativos.
  • Las ropas y objetos de uso personal que no sean de extraordinario valor.
  • Los instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión u oficio, salvo cuando éstos sean parte integrante o pertenencias de un establecimiento o explotación de carácter común (por ejemplo, el odontólogo que adquiere el instrumental y la maquinaria para ejercer su profesión).

Por su parte, el artículo 1347 del mismo Código dispone que serán bienes gananciales los siguientes:

  • Los obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges.
  • Las rentas, frutos o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales (por ejemplo, el alquiler de un bien privativo de uno de los cónyuges).
  • Los adquiridos a título oneroso a costa del caudal común, bien se haga la adquisición para la comunidad, bien para uno solo de los esposos.
  • Los adquiridos por derecho de retracto de carácter ganancial, aun cuando lo fueran con fondos privativos, en cuyo caso la sociedad será deudora del cónyuge por el valor satisfecho.
  • Las empresas y establecimientos fundados durante la vigencia de la sociedad por uno cualquiera de los cónyuges a expensas de los bienes comunes. Si a la formación de la empresa o establecimiento concurren capital privativo y capital común, se aplicará lo dispuesto en el artículo 1.354.

Añade el artículo 1441 del Código civil que cuando no sea posible acreditar a cuál de los cónyuges pertenece un bien o un derecho, la titularidad será por mitades.

En lo que ahora interesa, la consecuencia jurídica que se deriva de este régimen, será que los bienes que adquieran los cónyuges después de su matrimonio son bienes gananciales y, por tanto, quedan expuestos a tener que responder de las deudas que contraiga el cónyuge empresario (autónomo) con su actividad empresarial.

En el caso que la actividad empresarial se desarrolle a través de una sociedad mercantil o de una sociedad cooperativa, la responsabilidad quedará limitada al capital social. Sin embargo, si se declarase la responsabilidad del administrador por incumplir sus deberes como representante y gestor de la sociedad, sus bienes privativos y también sus bienes gananciales pueden verse afectados por las deudas de la sociedad.

El régimen de separación de bienes:

En este régimen cada cónyuge conserva su propio patrimonio, en el sentido de pertenecer a cada miembro del matrimonio los bienes que tuviesen en el momento inicial del mismo, y los que después se adquieran por cualquier título. Del mismo modo, corresponderá a cada uno la administración, goce y libre disposición de tales bienes.

En estos casos, la responsabilidad por las deudas que se deriven de la actividad empresarial que realice uno de los cónyuges solo afectarán a sus bienes, no afectando a los bienes propios y privativos del otro cónyuge; a menos que el cónyuge no empresario haya firmado como avalista del cónyuge trabajador autónomo.

En el supuesto que quien desarrolle la actividad empresarial sea una sociedad mercantil o una cooperativa, las obligaciones de la empresa se harán efectivas sobre los bienes de la propia sociedad, pudiendo extenderse la responsabilidad a los bienes personales del administrador cuando se den las previsiones legales de la responsabilidad de los administradores societarios.

Conclusiones finales:

Vemos por tanto, que el régimen de separación de bienes es más conveniente que el régimen de sociedad de gananciales y, por consiguiente, en aquellos casos en que uno de los cónyuges desarrolle una actividad empresarial resultará aconsejable que se opte por el régimen de separación de bienes.

En tal sentido, tanto el Código Civil como la Ley Foral Vasca y la misma Ley de Compilación del Derecho Civil Foral de Navarra, permiten a los cónyuges la libre elección del régimen matrimonial. Del mismo modo, los cónyuges, antes o después del matrimonio, podrán acordar por medio de un contrato las normas que regularán el aspecto económico de su matrimonio y pactar la separación de bienes.

El referido contrato o pacto matrimonial recibe el nombre de capitulaciones matrimoniales, debiéndose extender el mismo en documento público ante notario e inscribirse posteriormente en el Registro civil, junto a la inscripción del matrimonio celebrado, para que así pueda tener eficacia frente a terceros.

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